• Un noble muy pagado de sí mismo deseaba humillar en público al poeta Beaumarchais, cuyo padre había sido relojero.
Ante una gran concurrencia, sacó su valioso reloj y dijo al artista:
—Amigo mío; no sé qué diablos le pasa a este reloj, que no quiere marchar como es debido. Hacedme el obsequio de revisarlo. Porque supongo que, como hijo de relojero, entenderéis de esto.
Beaumarchais tomó el reloj y lo dejó caer al suelo como por descuido.
—Perdón –dijo amablemente al propietario de la estropeada pieza—. Ya me decía mi padre:
“¡No has nacido para relojero, hijo mío!”
• Un joven lord, durante una recepción a la que asistía el escritor Bernard Shaw, se le acercó y en un tono bastante insolente le dijo:
—Dígame, ¿no fue su padre un modesto sastre?
—En efecto –respondió Shaw.
—Me gustaría saber, entonces, cómo es que usted no fue también sastre.
Shaw sonrió.
—¿Su padre no era un perfecto caballero?
—¡Naturalmente!
—A mí también me gustaría entonces saber por qué no lo es usted.
• Mark Twain ganó una fortuna con sus obras pero se arruinó al dirigir una empresa editorial. Rehizo luego su capital escribiendo y pronunciando conferencias y pagó todas sus deudas. No obstante, la dura experiencia vivida le dejó una imborrable aversión por los banqueros.
—El banquero –repetía- es un hombre que presta un paraguas cuando brilla el sol y exige que se lo devuelvan cuando empieza a llover.
Es de suponer que si Twain levantara la cabeza hoy en día volvería a repetir lo mismo.
• El novelista Hemingway, enamorado de los toros, tomaba parte un día en una conversación. Sostenía:
—La tercera parte de los norteamericanos desea adelgazar y otra tercera parte quiere engordar.
—¿Y el otro tercio? —le preguntaron.
—Ese no se ha pesado todavía.
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viernes, 24 de junio de 2016
lunes, 23 de marzo de 2015
DE CERDOS Y JAMONES
Cuando ganó el torneo Roland Garros, a Albert Costa le preguntaron que cual era el secreto de su éxito, y el muy cachondo pero a su vez muy inteligente tenista, dijo que su secreto estaba en el jamón ibérico. Lo que no dijo a los franchutes ignorantes (ellos comen esa porquería de jamón llamada “de York”) es que ya los emperadores romanos se ponían como cerdos comiendo patas del susodicho animal, saladas y secadas en las sierras de Hispania. Y que el cerdo ibérico es tan sabio que sus jamones, a pesar de tener grasa, disminuyen el colesterol y los triglicéridos. Por si fuera poco, son bajos en calorías y nadie puede abusar de su consumo debido al prohibitivo precio que tienen. Un milagro redondo el del cerdito ibérico, más inteligente que su homónimo humanoide
martes, 2 de diciembre de 2014
EL MUERTO MUY VIVO
¿Verdad o mentira? Manuel Ríos, de 69 años y vecino de Ayamonte (Huelva), escenificó ayer su entierro con ataúd incluido y en compañía de unos 250 vecinos del municipio para ver qué se siente en una situación como ésa. Ríos Ramos planeó con todo detalle la escenificación de su sepelio, y hasta fue a Portugal para comprar un ataúd, que le costó 300 euros, un trámite que tuvo que realizar en el extranjero debido a la complejidad del papeleo en España si no se hace mediante una funeraria, precisó. Incluso una profesional le maquilló para darle un aspecto cadavérico.
Los amigos y familiares, después de velar el cuerpo en la casa del protagonista y acercarse hasta la puerta del cementerio, volvieron al domicilio del "muerto", y tras abrir el ataúd, celebraron una fiesta a petición del interesado. PUES ES VERDAD. Se publicó el 12 de enero de 2003 en el Diario SUR de Málaga. Lo mismo hoy el tal Manuel ya ha vivido de nuevo la experiencia pero esta vez... sin enterarse de nada.
jueves, 6 de noviembre de 2014
ERRATAS FAMOSAS
La del folletón "Arroz y Tartana", de Blasco Ibañez, que en su 1ª edición decía: "Aquella mañana, doña Manuela se levantó con el coño (por ceño) fruncido". La del poeta Garciasol, al que en vez de "Y Mariuca se duerme y yo me voy de puntillas" publicaron: "Y Mariuca se duerme y yo me voy de putillas". Famosa es la del novelista M. Ugarte quien cuenta de un periodista que, al elogiar a la hija del dueño del periódico, quiso decir: "Basta escribir su nombre, Mercedes, para que se sienta orgullosa la tinta", pero escribió "tonta". Y embarazosa fue la situación de un crítico que dedicó un libro a una condesa escribiendo que su "exquisito busto (por gusto) conocemos bien todos sus amigos".
miércoles, 5 de noviembre de 2014
LA QUE VALE, VALE
Durante una visita al barrio de la infancia de Hillary Clinton, el entonces presidente de los EEUU y su esposa coincidieron con un amor de juventud de la tenaz abogada, quien trabajaba como empleado en una gasolinera. Al dejar el lugar, Bill Clinton comentó:
—Cómo es la vida. Ahora podrías ser simplemente la mujer de un gasolinero.
—Te equivocas —replicó la que fue primera dama—. Ese hombre sería ahora presidente de los Estados Unidos.
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