domingo, 1 de noviembre de 2015
sábado, 31 de octubre de 2015
viernes, 30 de octubre de 2015
¿QUÉ QUIERES SER DE MAYOR?
Cuando uno era niño, hace ya la tira de años, los chaveas queríamos ser médicos, profesores, fontaneros, conductores de tranvía o de autobús. Sólo a alguno que había por allí, algo tontín, se le ocurría decir que él quería ser ministro. Los años pasaron, y con el desarrollo económico, llegaron nuevos deseos infantiles para cuando fueran mayores, esto es, hombres de provecho. Algunos chaveas ya querían ser astronautas, pilotos o ingenieros de caminos, canales y puertos.
Pero en esto que llegaron las telecacas privadas y la idiotez colectiva, tanto política como económica, etc (ponga usted en el ecétera lo que quiera, que todo cabe). Y entonces las cajas tontas, y la sociedad entera, comenzaron a llenarse de unos tipos y tipas insustanciales, analfabetos, algo cretináceos pero listos como el hambre en trincar dinero con exclusivas gilís, vivir del cuento y contar chorradas. Eran, y son, los famosetes de trapillo. Así que los niños de ahora, o al menos una parte, han cambiado de héroes y de aspiración profesional. De mayores ahora quieren ser "famosos". Esos que salen a todas horas en las telecacas mostrando cachas o tetas, diciendo vulgaridades, alardeando de la vida que se pegan. No dan un palo al agua y se les nota a estos cachorros de la fama. Y escribo cachorros porque la inmensa mayoría no sobrevivirá al próximo invierno pero no importa, las telemierdas y demás compañeras de mal olor tienen preparadas nuevas hornadas en su nevera. Al fin y al cabo sólo necesitan dar una patada en el suelo y salen tropecientos mil de estos famosetes. Y no veas los que saldrán de esta infancia que los tiene encumbrados cuando consiga hacerse mayor... algún siglo de éstos.
jueves, 29 de octubre de 2015
miércoles, 28 de octubre de 2015
NO ES CORRUPCIÓN, ES AMOR
Como andamos en tiempos convulsos el personal no entiende que el fenómeno de la corrupción (en el que caen los peces gordos pero también muchos pequeños) tiene menos que ver con el robo, la estafa y el mamoneo y más con el amor, ese sentimiento del que muchos sólo se acuerdan de higos a brevas. Y es que un país sin amor, y una ciudadanía sin querencia, es como un jardín sin flores. Y aquí queda dicho con algunas de las argumentaciones al uso.
No es corrupción, es amor a la patria, grande o chica, a la bandera, a la independencia, a los patriotas que le besan a uno el culo, a los que defienden un mundo mejor a pesar de reducir el tamaño del cortijo (así los corruptos tocamos a más).
No es corrupción, es amor a los desharrapados y parados, a los sin techo, sin los cuales no existiríamos nosotros, sus salvadores, los defensores de su patrimonio, de su salario, de su bienestar, gracias a nuestros desvelos y luchas ante unos empresarios sin corazón.
No es corrupción, es amor hacia la familia, los hijos y nietos, que de algo tendrán que vivir en un futuro sin esperanza, aunque esta sea la primera palabra que sale de mi boca en mítines y conventos por aquello de animar al personal y de animarme a mí mismo.
No es corrupción, es amor hacia el partido y los camaradas más cercanos, amor hacia unas siglas que permiten el avance de la democracia, la justicia y bla, bla, bla, pero sin los cuales nosotros no seríamos nada ni nadie, por eso trabajamos para él y le ayudamos en lo que podemos pues con esa ayuda nos socorremos también a nosotros mismos.
No es corrupción, es amor al dinero, a la creación de puestos de trabajo sin los cuales este país no sería nada, pero que nunca se nos agradece, por eso nos vemos obligados a corromper a los que deciden la obra pública o a los que hacen leyes que nos podrían beneficiar. Sin nosotros el país se iría al carajo así que ya está bien de que sus máximos benefactores seamos siempre los paganos.
No es corrupción, es ganas de joder nuestra reputación por parte de gente sin escrúpulos que, en su vida cotidiana sisa al prójimo, a su Ayuntamiento, a Hacienda y al bien común sin ningún gesto amoroso hacia los demás, egoístamente, sólo por el placer de ahorrarse unos miserables euros.
En resumen: No es corrupción, es amor patrio a la tierra chica por la que damos la vida, es amor fraternal a la gente que confía en nosotros votándonos o sindicándose, es amor profundo hacia quienes tienen sangre de nuestra sangre, es amor social con quienes –junto a nosotros- trabajan día a día porque el mundo sea mejor, desde los que emprendemos y nos jugamos los cuartos en el negocio a los que ponemos nuestro pequeño granito de arena en el choriceo cotidiano de baja cama. Bueno, sí, también es amor al dinero pero no tendréis la poca vergüenza de pedirnos que trabajemos gratis, ¿no?
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